Te propongo por un instante
creernos sordos a la música del viento,
ciegos a la danza de los mares
y que cantes una muda opera errante.
Que converjas en forma anónima
a compartir el silencio por completo
magnicida de los sueños, discreto
heredero del olvido en mi memoria.
Que te deshagas de la amada locura
de la duda, los afectos, los temores
y te olvides de ser una estructura
que soporta todo cuanto te rodea.
Te invito a ignorar a la naturaleza,
a vivir tras un costoso diamante,
a que pases por mi lado sin saberlo,
a hacerte rico temiendo perderlo.
Si tu corazón acepta esta propuesta
y te vuelves ciego y cantas mudo
y te haces el sordo, entonces:
No le permitas nunca más latir.
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