miércoles, 27 de julio de 2011

Oda al Muelle Vergara


La infinita grandeza del mar conociste,
y forjaste tu porfía para no claudicar,
contra los vientos, la sal
y las algas de Proteo
que vararon en su andar.

Oh, anciano muelle roído,
diviso nuevamente tu silueta
cortando el horizonte cual tesoro,
te adivino nuevamente en lo presente,
con tu grúa de remaches oxidados,
emergiendo para alzar esa sonrisa
que mis dientes se negaban a olvidar.

Con cariño evoco tu aroma
de Domingo en la mañana,
el sonido de los pasos de mi abuelo,
que se abría camino entre el tapiz
de tablas, de agujeros y recuerdos
del reír de los pescadores
que anidaban en tu vientre
de omnipresente madre,
de la calma que sentía al ver
las olas por su curva espalda.

Eres fuego dividiendo las aguas,
modesto istmo entre la tierra
y los sueños. Eras el andén
de los barcos y esperanzas,
de alegrías y de penas,
del trabajo del hombre
y de sus pesadas cargas;
contenedor de un desprecio
que hoy accidentalmente cargas.

Maúlla Muelle Vergara tus tristezas,
que las olas inquietas, no empañen
tu extenso lamento enmudecido.
¿me oyes Muelle Vergara...
o el tronar de las olas
te ha ensordecido?

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