Tenía toda la intención de escribir sobre un ave
pero se voló antes que llegara el verbo a cazarla,
me propuse a plasmar un atardecer sobre el mar
y ya era de noche cuando lo quise nombrar
Saber, conocer o aprehender como quien sabe
que las palabras siempre se adelantan o retrasan.
¡Se me hace imposible ni siquiera imaginar
cómo sería la vida sin objetos que bautizar!
Donde se posa el peso marchitante de mi lengua
muere la cosa y nace la esquiva palabra inerte
esperando para ser revivida en labios ajenos
Donde se posa la palabra, la realidad pide tregua.
Avanza agonizante para encontrarse con su muerte
o a resucitar evocada en forma de viejos recuerdos.
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