lunes, 24 de octubre de 2011

Cómo dar vida a un dibujo


A ti, pequeño Creador te escribo:
Nunca des por terminado un dibujo 
sin antes ofrecerle la oportunidad 
de ser, vivir o simplemente respirar.

Recuerda siempre darle un nombre.

Bautízalo orgulloso con los aceites 
de la cálida imaginación que lo creó.
Levanta desde el fondo blanco y plano 
un país con ambigua identidad 
para que esa imagen se sostenga
y tenga un mundo que cambiar.

Sólo tú sabes a donde está mirando,
bien ya sabes dónde no quiere mirar.
El ojo izquierdo píntalo color nostalgia
y el ojo derecho: tíñelo de optimismo.

Ahora pregúntale: ¿Quieres cobrar vida?

A la punta de cada cabello anúdale
a fuego un viejo nítido recuerdo
para que a veces ría y a veces llore
incompleto en su cárcel solitaria 
enrejada de tinta y muros de papel 

Pon sobre sus hombros el peso de una jornada
robustece su cuerpo con el color de sus amigos
matiza su sonrisa con tu estado de animo
entrega parte de tu vida, como diste tiempo y mina   

Pregúntale otra vez si quiere vivir…

Traza cuidadosamente sus límites
que la tinta no supere nunca 
su voluntad, ni rasguñe su piel.
Deja que traspire el grafito
y le gane poco a poco a la nada.

Adviértele que es más fácil permanecer 
estático en una hoja de cuaderno
que respirar aquí afuera 
en esta vida de pre-muertos

Cuando por fin te grite exigiendo vida,
dibújale los brazos extendidos hacia tí
para que con ellos te pueda abrazar
y te agradezca cuando creas terminar…

Si esos brazos no te buscan no los borres 
ni corrijas, has dibujado bien tus trazos
deja que vivan, que te ignoren y te extrañen  
y tú empieza nuevamente a dibujar.

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