Nacido para apagar incendios, ahora vivo
olvidado en la esquina más oscura del café
a la vista de incendios que no puedo apagar
con la capacidad de escuchar, mas no hablar
En la mesa redonda un hombre urdía un plan
con dos amigos para engañar al banco
yo asentía a cada palabra queriendo llamar
a la victima para que pudiera antes arrancar
Mi pié cilíndrico estático, no pudo dar un paso
en cambio reforzó la marca que dejo en el piso
como queriendo mi existencia en el suelo fijar
tatuando mi recuerdo donde nadie va a recordar
Y es que todos se creen presente ahí, fumando
bebiendo, conversando y yo aquí, inmanente
soy un futuro truncado por un ambicioso pasado
un montón de incertidumbre vacío de acto
En otra mesa predije al inminente reencuentro
de dos amigas que no se veían desde el colegio
y que no podían dejar de hablar, pero sin mirarse
queriendo el sello del tiempo de sus rostros negar
Renegando el mismo paso del tiempo, ahora vivo
en la misma esquina desde la que me ignoraste
para contar las historias que nadie quiere contar
para ardientes palabras oír y al silencio sofocar.
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