Chile te pregunto: ¿Por qué país de poetas?
¿Será que tu ancho no da a vasto
para contener las letras horizontales?
¿Será que el mar borra lo que escribimos
con la mano derecha, y nos cansamos
al subir verbo a verbo la cordillera?
¿Es que este longilineo país debe alcanzar
para que sea leído de norte a sur,
sellando de rima en rima los avatares
insulares que el destino le depara?
¿Son tus versos mal exportados
el producto de una agitación telúrica,
el eco de una ola peregrina chocando
en el último morro del océano infinito?
¿Será la naturaleza de tus agricultores
que no pueden asirse a otra cosa que a rimas,
que no pueden recordar si no es con melodías
una historia asesina, que amenaza ser perdida?
Estas letras están condenadas al vaivén
de las coplas españolas fusionadas
al canto enmudecido de la Machi,
a la voz relegada del Diaguita,
y del inca que gritó con el eco de Yagánes...
Esa voz errante, letra siempre olvidadiza
y amputada; menos madre que asesina
sólo sabe forjarse en verso escrito;
El verdadero licor tipico chileno.
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