
Hay una iglesia que no quiere ser reflejo
y se niega también a ser sólo monumento
Es esa misma iglesia, la que sabe y niega
que atrapa a la gente en sus bancos sacros
En el charco de una plaza una lágrima
es derramada sobre el charco que refleja
la silueta de la embajada del país
que olvidó donde fundar su capital
de habitantes que buscan la respuesta
en la profundidad latina de una letra
impresa por una imprenta de cristal
Una lágrima; reflejo mudo de mil penas
de una Iglesia que aunque no quiera
debe y tiene que saldar su impaga deuda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario